Albert Jovell
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Albert Jovell nació en Barcelona y es Doctor en Salud Pública por la Universidad de Harvard y Doctor en Sociología por la Universidad de Barcelona.
Ha escrito más de 100 artículos científicos y periodísticos y es miembro del comité editorial y revisor de revistas científicas nacionales e internacionales.
Ha recibido gran cantidad de premios por su labor profesional como, el Premio Reflexión 04, el Premio a la Excelencia Profesional en Humanidades Médicas, el Premio Fundació Grifols, entre otros.
Actualmente es Profesor Asociado en Medicina Preventiva y Salud Pública, Presidente del Foro Español de los Pacientes, Director del Proyecto Universidad de los Pacientes, Director del Programa de Modernización y Confianza en los Sistemas Sanitarios y Asesor de diferentes instituciones públicas y privadas, así como de organizaciones sin ánimo de lucro, entre las cuales destacan Asociaciones de pacientes, Compañías Privadas y la Office for Health Economics del Reino Unido.
Para Jovell las emociones cuentan en la gestión de equipos de trabajo y para ser un buen directivo el afecto resulta inseparable de la innovación y del rigor en la empresa. Es necesario conocer e interesarse por los sentimientos de las personas que te rodean en tu trabajo.
En su último éxito “Liderazgo afectivo” descubre la esencia del liderazgo como resultado de los sentimientos y el afecto interpersonal, combina la parte humanista con la empírica de forma magistral, tras cada afirmación que propone hay una estudiada base científica y su aplicación es efectiva.
Con la ayuda de la visión del Dr. Albert Jovell se pueden establecer unas sólidas bases para mejorar las habilidades de liderazgo de los ejecutivos en la empresa.
José Manuel Casado González, doctorado en Sociología Industrial, Master en Organización y Dirección de Recursos Humanos y PDD por el IESE.
A lo largo de su carrera profesional ha desarrollado un número significativo de investigaciones y dirigido una importante cantidad de proyectos en el área de Organización y Mejora de Eficiencia Empresarial.
Es Socio Director de Accenture, responsable del área de Talent & Organization Performance -antes denominada Human Performance- y ha dirigido diferentes proyectos de cambio organizativo, cambio cultural y grandes procesos de integración y transformación empresarial en organizaciones públicas y grandes empresas en nuestro país y en el extranjero.
Como experto en Gestión de Capital Humano, está especializado en Diseño Organizativo y en la utilización de Tecnologías para la Optimización del Rendimiento Humano. Asimismo, tiene una gran experiencia en procedimientos de counseling, coaching, entrenamiento y procesos de mejora de resultados para equipos de Alta Dirección. Fue pionero en el uso y aplicación de metodologías avanzadas de desarrollo de directivos, uno de los primeros coach de Accenture y ha desarrollado este tipo de procesos para grupos y altos ejecutivos entre los que se encuentran presidentes, consejeros delegados, vicepresidentes y directores generales de multinacionales españolas.
IMPERATIVOS PARA LA COMPETITIVIDAD
Como dijera Antoine de Saint Exupery, nuestro papel como directivos y empresarios no es tanto predecir el futuro, sino hacerlo realidad; pero para ello, no podemos olvidar que actualmente el poder económico se está dispersando tanto, que hasta hablamos de multipolaridad para significar que las economías emergentes ya representan casi la mitad del PIB mundial (en paridad del poder adquisitivo o PPA), o que el número de multinacionales de los mercados emergentes alcanza el número de 63 en la revista Global Fortune 500. Pero, además, se prevé que en unos 20 años la cuota del PIB mundial de las economías emergentes haya aumentado hasta el 61% en PPA, siendo las seis grandes economías emergentes o "Big 6": China, India, Rusia, Brasil, Corea del Sur y México, las que pondrán en jaque al hasta hace muy poco poderoso G7 que, como bien sabe, está integrado por Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Inglaterra y Estados Unidos.
¿Cuáles son los impulsores que están provocando este cambio de poder? En primer lugar, la política económica, puesto que se está produciendo una gran apertura económica y política y una gran liberalización del comercio como, por ejemplo, el que se produce con el OMC, NAFTA, ASEAN, UE, etc. Por otra parte, la mayor escala y alcance de las multinacionales con muchos mayores activos extranjeros, ingresos y empleo (fíjese sólo España, y considere, por ejemplo, los casos de Ferrovial, Iberdrola, Santander, Inditex, etc.). Sin olvidar otro crucial impulso como es el mayor poder de las tecnologías de la información y comunicación que provocan y facilitan una gran desagregación de las cadenas de aprovisionamiento.
Cuando la crisis económica pase, que lo hará porque es coyuntural, para poder competir en un concierto internacional cada vez más exigente, global, plano y complejo, tendremos que hacer frente a ciertas realidades que abordaremos en nuestra ponencia del próximo 19 de marzo de 2009. Les espero.
Experto en Comunicación Corporativa y Gestión de Crisis Empresariales
Autor del libro Y ahora ¿qué? (claves para gestionar una crisis y salir fortalecido) editado en Empresa Activa
COMUNICACIÓN, CRISIS Y RELACIONES HUMANAS
El presidente de uno de los semanarios más influyentes del mundo solía repetir cuando le entrevistaban que las principales actividades a las que debe dedicarse un buen directivo son la planificación estratégica y la comunicación. La realidad, al menos en nuestro país, es que sólo y en el mejor de los casos el máximo dirigente de la organización se dedica al primer supuesto. El segundo, el de la comunicación, sigue siendo la asignatura pendiente en muchas compañías aunque mucho se ha avanzado, afortunadamente, en los últimos veinte años.
La comunicación tendría que considerarse siempre y no sólo de forma excepcional como una herramienta básica en la gestión de cualquier compañía –pequeña, mediana o grande- y debería contar con profesionales especializados que entiendan el lenguaje específico de la comunicación empresarial y corporativa. Pocos discuten hoy día la importancia capital de un director financiero, de marketing o relaciones humanas en cualquier empresa medianamente profesionalizada. Sin embargo cuando llegamos al capítulo de la comunicación, excepto en honrosas excepciones que cada día son más, existen opiniones para todos los gustos casi tantas como en el fútbol. Todo el mundo cree saber de fútbol y son pocos los que realmente conocen la letra pequeña del mundo del balón. Igual que en el ámbito de la comunicación, pero en esta materia no se trata de opinar: se tiene que saber y conocer muy bien el “oficio”.
Los últimos veinte años, sin embargo, han coincidido con una auténtica eclosión del fenómeno de la comunicación corporativa en España. Aproximadamente tres de cada cuatro empresas tienen en su organigrama al menos una persona que se dedica a la comunicación mientras que hace dos décadas el porcentaje no llegaba al 25%. Es cierto que existen denominaciones distintas y cometidos diferentes ya que a veces la comunicación puede ir sola o en compañía del marketing o las relaciones institucionales en el staff de la empresa. Este cambio supone, en muchos casos, que el 80% de los directores o responsables de comunicación dependan directamente del primer directivo de la empresa.
Los directores de comunicación ya no sólo convocan a los periodistas para la rueda de prensa de resultados o para gestionar una entrevista como ocurría antaño. Ahora, la inmensa mayoría de ellos son los artífices y máximos responsables de la estrategia y desarrollo de la comunicación en las empresas que, además, está alineada con la estrategia de la propia organización. Las empresas tienen un Plan de Comunicación y no dejan al azar las acciones y objetivos de su política de comunicación y, además, cuentan con profesionales que no sólo han sido periodistas procedentes de medios sino que, además, tienen una formación académica superior al de licenciado en ciencias de la comunicación y que han experimentado los diferentes ángulos de la comunicación en agencias de comunicación o consultoras.
La implicación de la dirección es básica en el éxito comunicativo de la empresa y sólo aquellas empresas conscientes del “poder” de la comunicación saben que un titular periodístico puede desbaratar muchos años de trabajo y esfuerzos. Es cierto que queda mucho camino por recorrer, sobre todo en comunicación de crisis donde las empresas, en general, no están preparadas porque piensan que las “crisis” son de los demás y que a ellos nunca les ocurriría. Pero no es menos cierto que la creciente internacionalización de nuestra empresa unida a las nuevas tecnologías otorgan a la comunicación corporativa un papel fundamental en la imagen y percepción de las compañías, las relaciones con los medios, la comunicación interna y todo aquello que tiene que ver con lo que una empresa quiere y desea ser percibida en el mercado.
Dentro de este contexto juega un papel fundamental la política de Relaciones Humanas o Recursos Humanos (que cada uno elija el término con el que prefiere identificarse) porque muchas veces depende de este departamento la formación en comunicación de sus cuadros directivos y, por añadidura, la gestión de las crisis que afectan a las personas, desde los despidos hasta las nuevas contrataciones. Y este proceso, evidentemente, se debe saber comunicar.
La profesionalización de la comunicación durante los últimos veinte años ha mejorado, sin duda, las a veces difíciles relaciones entre las empresas y los medios de comunicación que hacen de puente para llegar a la sociedad los mensajes e informaciones relevantes. Y nunca estaremos a salvo de críticas de unos y otros porque, no lo olvidemos, la comunicación es la parte más sensible de cualquier compañía. Sea como fuera al progreso de nuestra economía y tejido empresarial durante estos veinte años a pesar de la desaceleración y recesión internacional ha contribuido de forma decisiva la gestión de la comunicación porque ahora más que nunca estamos más y mejor informados y, en cualquier caso, de manera mucho más profesional y metodológica que antes. Dicho esto existen métodos, claves y argumentaciones para mejorar en comunicación porque lo que se diga y lo que se haga “dentro” de la empresa inevitablemente saldrá y se conocerá “fuera”. |